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El dolor en la boca del estomago, ¡Auch! No importa cuanto intente aparentar que no me importa, el estrés sale de una manera u otra. Hoy duele, mañana cansa, y después, quien sabe, tal vez hasta enferme (ahhh… Ahora entiendo el cosquilleo en mi nariz…). Sigo tratando de suprimirlo, de ignorar el dolor, de ignorar mi deber, pero ya llegué al límite. La procrastinación alcanzó el clímax y ahora debe parar.

Ok. A trabajar… Pero, mira: la bandeja de entrada del correo electrónico marca 40 correos nuevos sin leer. Bueno, los reviso y después, ¡a trabajar!

Vaya, me ha llevado bastante más tiempo de lo que había pensado, pero ahora si, ¡a trabajar! ¡Ah! Pero había olvidado que mi amiga me dejó un mensaje en la red social y no le respondí. Tengo que contestarle, no quiero que se moleste conmigo… No tardaré mucho…

Bueno, había muchos chismes nuevos de que enterarse, eso de las redes sociales quita mucho tiempo, debería cerrar mi cuenta y así no me distraería tanto. Pero si de por sí no veo a mis amigos, sin la red social, no sabría ni que es de sus vidas. ¡Mejor no!

Vale, ya tengo que empezar… Buscar el archivo, abrirlo, recordar en que me había quedado… ¡Ah, si! Tengo que completar el apartado de resultados de mi escrito (¿completar?, ¡más bien, comenzar!). ¡Pff! ¡Pero que horror! ¡Juraría que mis tablas ya estaban ordenadas! Bueno, las ordeno en cinco minutos, no es tanto…

Dos horas después, y estas malditas tablas que no se arreglan. Creo mi cálculo de terminar los avances en dos días está muy errado. ¡Maldito dolor de estómago! Pensé que ya se me había quitado… Bueno, ya es hora de recoger a la niña de la escuela, tendré que continuar en la tarde… ¡Ah! Pero hoy es día de ballet, así que ya será mañana… Espero que mi tutora no se acuerde de mí en estos días…

 

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