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Increíblemente no puedo dejar de pensar en ti… ¡Eres como una maldita droga! ¡Quiero más, más más! Necesito sentirte, olerte, palparte. No me sirve que estés lejos. ¡Te quiero aquí, junto a mí! ¡Por favor, sal de mi cabeza! ¿No te sientes cada día más ligero? Te imagino caminando por las calles como un cascarón vacío, porque tu estas en mi cabeza. Cuando te vas, solo tu cuerpo se va, porque mis células ya han absorbido tu esencia, ya eres mío, eres parte de mí… ¿Te has perdido, no lo sientes? ¿No te sientes más vacío? ¿Pero sabes qué? ¡No es suficiente! ¡Yo te necesito completo! Tu cuerpo, tu impalpable esencia, tu mente y tu metafórico corazón. Si por mí fuera, ya te habría secuestrado, te tendría amarrado a mi cama, cuidándote con devoción. Te mimaría y te haría tan feliz, que pensarías que llegaste al mismísimo paraíso. ¿No te gustaría?

¡Maldita obsesión! Aquí estoy buscando la manera de liberar mi cabeza de los sucios pensamientos que me invaden. ¡Ah! Si tan solo estuvieras aquí… ¡Me vas a volver loca, lo juro! ¡Me haces llorar y me haces reír! Mi corazón se convulsiona tratando de amansar los deseos más intensos por sentir tu aroma. ¡Es que no puedo llenarme de ti! Mis ansias son un pozo sin fondo, nunca se acaban. ¡Nunca desaparecen solo se calman mientras estas aquí, pero apenas abordas el taxi que te aleja, las ansias explotan de nuevo! ¡Y quiero correr tras de ti! ¡Gritarte que regreses! ¡Que no te vayas! ¡Que no me dejes! Y el síndrome de abstinencia comienza con las lágrimas y el hueco inmenso en que se convierte mi pecho desnudo. Y me quedo desnuda, imaginando que así como tu olor se queda en mis sábanas, así también estás tú junto a mí. Y las convulsiones empiezan y empieza la cuenta atrás 22, 21, 20 días para volverte a ver, para volverme a sentir completa, para volverme a sentir inmensamente feliz. ¡La euforia!

¡Un día juro que te voy a arrancar el corazón! ¡Lo quiero para mí! “Para hacerme un medallón de bisutería pura”. Y llevarlo colgado al cuello, palpitando por mí. Mi amuleto de la buena suerte… ¿Te das cuenta lo que me haces pensar?

Pasión… Creo que no sabía lo que esa palabra significaba hasta que te conocí. Nunca antes sentí quemarme por dentro y renacer de nuevo de entre mis cenizas. Soy el ave fénix que arde, se quema. ¿Sabes por qué se quema?  Porque su pasión es inmensa y se la tiene que guardar adentro, solo para sí. Así me quemo yo, me quemo y renazco para volverme a quemar. Delicioso infierno de pasión. Tú eres mi demonio. “Demonio, vente al infierno, vente a donde yo te tenga al lado”. Acuéstate aquí, sobre mí. ¡Tócame! ¿Sientes como me quemo? ¿Sientes como renazco? ¿Sientes cómo me estremezco por dentro? Así estoy completa, contigo adentro de mí. Tienes la medida perfecta para llenarme. El complemento perfecto para mi mente sucia.

22, 21, 20 días… Ya casi llego corazón…

 fenix

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